Obsequiar siempre es una pequeña alegría para quien recibe el regalo. Por pequeño que sea, o por la ocasión que sea. Incluso es más disfrutable cuando no hay ocasión, cuando no se espera recibir nada. Entonces valoramos ese humilde presente como un gran gesto, y como algo que sabemos que podemos disfrutar.
¡Es importante que el gesto no se repita con tanta frecuencia! Sino se pierde ese encanto de no-esperar nada. De otro modo nos parecerá algo tan normal como saludar, y le restaremos importancia.
La propuesta esta vez, es reproducir este mismo gesto con nosotros mismos. Podemos empezar a obsequiarnos cosas: quizá cuando queremos hacer una mínima celebración por un pequeño o gran logro; por finalizar alguna tarea, algún proyecto; por haber sido gratos con alguien; porque alguien nos quiere; o simplemente sin aparente razón, porque estamos de buen ánimo.
Como dije antes, es importante que no se tome el hábito y por ende que no se le reste importancia. Nuestro obsequio puede ser algo que podamos reservar para una ocasión especial, o al menos asegurarnos que lo vamos a disfrutar con toda nuestra atención cuando llegue el momento de usarlo.
Los obsequios pueden ir desde algún utensilio, prenda o adorno de una tienda; una golosina; prepararnos una rica comida; sacarnos a pasear y demás...
Sea cual fuere nuestra elección, es también menester no depender de esos pequeños regalitos para estar sonrientes. Sino caeremos en el hábito de esperar a comprar algo para estar bien.
Reflexión sobre la espera
La espera es una de las actividades más practicadas por el hombre moderno de todas partes del mundo.
Se esperan muchísimas cosas, constantemente. Esperamos que llegue un transporte público, esperamos que atiendan el teléfono al sonar, esperamos que nos llegue un papel, esperamos que termine el día, que termine la semana, que termine el año.
También esperamos que alguien nos diga que nos quiere, o esperamos un cambio o simplemente tener tal cosa o la otra.
...Quizá cuando alguna de estas cosas que esperamos ocurra, seamos por fin felices. Eso nos decimos.
Y esperar no es tan malo; es más, a veces tiene su premio, ¡pues llega lo que esperamos y nos alegramos sobremanera!. El problema viene siendo que descubriremos que seguimos sin ser felices, y que aun tenemos tanto que esperar...
Hace poco tiempo visité a un amigo de Noruega. Me contó cómo se vive allá: el estado provee a todos sus ciudadanos de cuanto necesitan. Ninguno sufre hambre o necesidad alguna, todos tienen casas de ensueño repletas de tecnología y adornos preciosos. Las familias son ejemplares y no existe la pobreza, la indigencia. La gente aquí, se podría decir, ya no tiene nada que esperar en cuanto a su condición material. Están provistos por completo.
Hasta aquí podría pensarse que son las personas más felices y plenas del mundo, pero no es así. Según mi amigo, todo es súmamente aburrido, la cantidad de suicidos es enorme y otros tantos se pierden en las drogas y el alcohol (ambas cosas también permitidas e incluso provistas por el estado a quien lo elija). Los que se salvan de todo esto son aquellos que se sumergen en el mundo de la tecnología y la distracción: video juegos, salidas nocturnas, etc.
Los noruegos, al igual que nosotros y la mayor porción del mundo, optan por seguir esperando.
Dado este ejemplo, podríamos descartar que por más estables que estemos en cuanto a lo económico y social, no hallaremos esa felicidad. Nos lo dicen los noruegos desde su experiencia y modo de vida.
Ocurre también que cada mañana, al empezar la jornada laboral, deseamos que por fin sea la hora de salir y estar de una vez sentado en el sillón mirando la TV. O, peor, estamos desde el miércoles aguardando por que sea viernes, y la mayor parte del año esperando por nuestras vacaciones. Y a veces somos bastante felices en vacaciones, pero... ¿y el resto del año? Luego miramos atrás en el tiempo y nos quejamos de lo rápido que pasaron los años. Nos olvidamos que eso era exactamente lo que deseábamos cada vez que las cosas se complicaban.
Esperamos también un reconocimiento, un cariño, un abrazo, un beso, un te quiero, un arrepentimiento, una disculpa...
...Sólo hay una cosa que hacer frente a todo esto: dejar de esperar.
Debemos dejar de pensar que obteniendo algo vamos a ser felices. Dejar de pensar que con cierto logro estaremos realizados. Dejar de esperar que un tiempo termine y empiece otro para empezarlo a disfrutar. Dejar de esperar que sea otro quien nos diga cuánto nos quiere.
La felicidad está aquí, ahora, ya, dentro de nosotros. Somos esclavos de nuestras propias ansiedades y miedos y debemos romper sus cadenas, ningún factor externo lo hará.
Debemos disfrutar cada momento, por duro que sea, hacerlo bello: Un trabajo, un grito, un enojo, una reprenda, una desilusión, nada debe afectarnos negativamente, tomemoslo como parte de un trabajo, algo que nos corresponde pero no nos compromete.
Tampoco esperemos nada del otro. Mas bien seamos nosotros los responsables del cambio. El amor es la antítesis del miedo y la ansiedad, y sólo alimentándolo y haciéndolo crecer podremos combatirlos.
Se esperan muchísimas cosas, constantemente. Esperamos que llegue un transporte público, esperamos que atiendan el teléfono al sonar, esperamos que nos llegue un papel, esperamos que termine el día, que termine la semana, que termine el año.
También esperamos que alguien nos diga que nos quiere, o esperamos un cambio o simplemente tener tal cosa o la otra.
...Quizá cuando alguna de estas cosas que esperamos ocurra, seamos por fin felices. Eso nos decimos.
Y esperar no es tan malo; es más, a veces tiene su premio, ¡pues llega lo que esperamos y nos alegramos sobremanera!. El problema viene siendo que descubriremos que seguimos sin ser felices, y que aun tenemos tanto que esperar...
Hace poco tiempo visité a un amigo de Noruega. Me contó cómo se vive allá: el estado provee a todos sus ciudadanos de cuanto necesitan. Ninguno sufre hambre o necesidad alguna, todos tienen casas de ensueño repletas de tecnología y adornos preciosos. Las familias son ejemplares y no existe la pobreza, la indigencia. La gente aquí, se podría decir, ya no tiene nada que esperar en cuanto a su condición material. Están provistos por completo.
Hasta aquí podría pensarse que son las personas más felices y plenas del mundo, pero no es así. Según mi amigo, todo es súmamente aburrido, la cantidad de suicidos es enorme y otros tantos se pierden en las drogas y el alcohol (ambas cosas también permitidas e incluso provistas por el estado a quien lo elija). Los que se salvan de todo esto son aquellos que se sumergen en el mundo de la tecnología y la distracción: video juegos, salidas nocturnas, etc.
Los noruegos, al igual que nosotros y la mayor porción del mundo, optan por seguir esperando.
Dado este ejemplo, podríamos descartar que por más estables que estemos en cuanto a lo económico y social, no hallaremos esa felicidad. Nos lo dicen los noruegos desde su experiencia y modo de vida.
_________________
Ocurre también que cada mañana, al empezar la jornada laboral, deseamos que por fin sea la hora de salir y estar de una vez sentado en el sillón mirando la TV. O, peor, estamos desde el miércoles aguardando por que sea viernes, y la mayor parte del año esperando por nuestras vacaciones. Y a veces somos bastante felices en vacaciones, pero... ¿y el resto del año? Luego miramos atrás en el tiempo y nos quejamos de lo rápido que pasaron los años. Nos olvidamos que eso era exactamente lo que deseábamos cada vez que las cosas se complicaban.Esperamos también un reconocimiento, un cariño, un abrazo, un beso, un te quiero, un arrepentimiento, una disculpa...
...Sólo hay una cosa que hacer frente a todo esto: dejar de esperar.
Debemos dejar de pensar que obteniendo algo vamos a ser felices. Dejar de pensar que con cierto logro estaremos realizados. Dejar de esperar que un tiempo termine y empiece otro para empezarlo a disfrutar. Dejar de esperar que sea otro quien nos diga cuánto nos quiere.
La felicidad está aquí, ahora, ya, dentro de nosotros. Somos esclavos de nuestras propias ansiedades y miedos y debemos romper sus cadenas, ningún factor externo lo hará.
Debemos disfrutar cada momento, por duro que sea, hacerlo bello: Un trabajo, un grito, un enojo, una reprenda, una desilusión, nada debe afectarnos negativamente, tomemoslo como parte de un trabajo, algo que nos corresponde pero no nos compromete.
Tampoco esperemos nada del otro. Mas bien seamos nosotros los responsables del cambio. El amor es la antítesis del miedo y la ansiedad, y sólo alimentándolo y haciéndolo crecer podremos combatirlos.
El ejercicio lúdico de leer
Hemos comprobado una y mil veces como el cine nos influencia, nos vende una idea y a veces esa idea toma mucha fuerza. Sobretodo cuanto más nos identificamos con un personaje y su situación.
La influencia siempre es positiva e inspiradora. Nos llena de ganas de hacer cosas nuevas, o cosas que queríamos hacer y no nos animábamos. Le ponemos nombre a muchos sentimientos e imagen a muchos sueños poco nítidos.
En mi opinión, es lo más hermoso que el cine puede hacer por nosotros. Más que hacernos pensar o divertirnos. Creo incluso que la mayoría de la gente elegiría ver una película que promete ser inspiradora de aquel oculto y lejano proyecto secreto, a una que nos haga reir o pensar.
El cine realmente puede hacer maravillas en este campo. Proyectando imágenes, definiendo personajes (en su mayoría bien parecidos), o jugando con la música y los efectos sonoros, que nos llevan y traen de las narices a gusto, y no tenemos más que hacer que sentarnos y dejarnos deleitar.
La pregunta es...: Y ahora, ¿para qué quiero un libro?
Excelente pregunta. Me la he preguntado cientos de veces, y en algún momento hallé unas cuantas respuestas.
La diferencia entre un libro y una película usualmente es descubierta cuando el cine toma historias originalmente hechas para un libro. Una salida fácil por parte de los guionistas, pero que hace mella a este pequeño límite y nos da la posibilidad a más de uno de descubrir esta realidad, que favorece en extremo a la versión literaria.
Lo que más se comenta por ahí, y no deja de ser cierto, es que el libro es una obra más completa, extensa y con mayor construcción, detalles y que expresa cosas que las imágenes no podrían. Todo esto es bastante comprobable, claro, pero no es esto lo que le da el valor de positivo o negativo. Incluso habrá personas que quieran ya mismo la versión resumida de una obra.
En cuanto a esto último, lo único que se perderá, como esencia, es ese detalle que la imagen no puede contar.
Mi defensa al libro se basa en que uno construye las imagenes a su modo. Nadie le dice qué hacer con ellas. Y es más que seguro que estas imagenes sean muy acordes a una situación específica por la que pasamos. De esta forma el libro extiende sus raíces hacia nuestra alma y nos hacemos uno con él. Somos capaces hasta de tener la misma cara que el protagonista, o darle las facciones de un conocido, o amigo que nos lo recuerda.
Además de que damos las imágenes, cuerpos y hasta efectos especiales, gustativos, de colores y sonidos a todo un mundo, tenemos la poética de la palabra misma. Muchas palabras en sí mismas poseen poesía, recuerdos, historias. Degustar palabras que pocas veces escuchamos y recrear mundos en nuestras mentes es un juego hermoso y un ejercicio prodigioso.
En lo personal, cuando una historia me apasiona, deseo que no termine. En el cine las cosas suceden y terminan en menos de dos horas; en un libro cada quien administra cuanto quiere conocer por día. Puede guardar un capítulo para antes o para después de cenar, o anotar un párrafo para alguna ocasión peculiar.
Cuando un libro llega a nuestra alma, realmente nos deja su enseñanza, su idea. Es una inspiración y una influencia de gran magnitud y, lo que quizá sea más importante en cuanto a este punto, es que usualmente el autor de un buen libro tiene diferentes intenciones que el autor de un buen film al trasmitir algo.
El consejo de hoy podría ser leer. Pero me parece que el mejor consejo es: antes de mirar la película, leer el libro.
La influencia siempre es positiva e inspiradora. Nos llena de ganas de hacer cosas nuevas, o cosas que queríamos hacer y no nos animábamos. Le ponemos nombre a muchos sentimientos e imagen a muchos sueños poco nítidos.
En mi opinión, es lo más hermoso que el cine puede hacer por nosotros. Más que hacernos pensar o divertirnos. Creo incluso que la mayoría de la gente elegiría ver una película que promete ser inspiradora de aquel oculto y lejano proyecto secreto, a una que nos haga reir o pensar.
El cine realmente puede hacer maravillas en este campo. Proyectando imágenes, definiendo personajes (en su mayoría bien parecidos), o jugando con la música y los efectos sonoros, que nos llevan y traen de las narices a gusto, y no tenemos más que hacer que sentarnos y dejarnos deleitar.
La pregunta es...: Y ahora, ¿para qué quiero un libro?
Excelente pregunta. Me la he preguntado cientos de veces, y en algún momento hallé unas cuantas respuestas.
La diferencia entre un libro y una película usualmente es descubierta cuando el cine toma historias originalmente hechas para un libro. Una salida fácil por parte de los guionistas, pero que hace mella a este pequeño límite y nos da la posibilidad a más de uno de descubrir esta realidad, que favorece en extremo a la versión literaria.
Lo que más se comenta por ahí, y no deja de ser cierto, es que el libro es una obra más completa, extensa y con mayor construcción, detalles y que expresa cosas que las imágenes no podrían. Todo esto es bastante comprobable, claro, pero no es esto lo que le da el valor de positivo o negativo. Incluso habrá personas que quieran ya mismo la versión resumida de una obra.
En cuanto a esto último, lo único que se perderá, como esencia, es ese detalle que la imagen no puede contar.
Mi defensa al libro se basa en que uno construye las imagenes a su modo. Nadie le dice qué hacer con ellas. Y es más que seguro que estas imagenes sean muy acordes a una situación específica por la que pasamos. De esta forma el libro extiende sus raíces hacia nuestra alma y nos hacemos uno con él. Somos capaces hasta de tener la misma cara que el protagonista, o darle las facciones de un conocido, o amigo que nos lo recuerda.
Además de que damos las imágenes, cuerpos y hasta efectos especiales, gustativos, de colores y sonidos a todo un mundo, tenemos la poética de la palabra misma. Muchas palabras en sí mismas poseen poesía, recuerdos, historias. Degustar palabras que pocas veces escuchamos y recrear mundos en nuestras mentes es un juego hermoso y un ejercicio prodigioso.
En lo personal, cuando una historia me apasiona, deseo que no termine. En el cine las cosas suceden y terminan en menos de dos horas; en un libro cada quien administra cuanto quiere conocer por día. Puede guardar un capítulo para antes o para después de cenar, o anotar un párrafo para alguna ocasión peculiar.
Cuando un libro llega a nuestra alma, realmente nos deja su enseñanza, su idea. Es una inspiración y una influencia de gran magnitud y, lo que quizá sea más importante en cuanto a este punto, es que usualmente el autor de un buen libro tiene diferentes intenciones que el autor de un buen film al trasmitir algo.
El consejo de hoy podría ser leer. Pero me parece que el mejor consejo es: antes de mirar la película, leer el libro.
La Meditación: un arte
La meditación es un arte. Y como todo arte, ha de hacerse en tiempos de inspiración, cuando la mente o el cuerpo lo piden. Y además, como el arte, también ha de practicarse al propio ritmo y lo más libremente posible.
Como al dibujar: tomamos un lápiz, un papel, algunos pinceles. ¿Qué falta? Pues tener ganas de dibujar, claro. De otro modo, es posible que por virtuosos que seamos, no salga algo que nos agrade. De modo contrario cuando la inspiración toma posesión de nuestras manos, no es menester ser diestro en el arte para dibujar algo que realmente nos ponga muy contentos. Además de por los trazos que hagamos, por el contenido mismo de la obra, la idea creativa.
Es posible que, si nos gusta el arte de dibujar, entonces nos interesemos en algunas reglas básicas: esquemas, proporsiones, composición, tipos de lápiz, pinceles u óleos.
Así también ocurre en el arte de meditar. La inspiración es la esencia creativa de esta actividad. Una vez que logramos enfocar esto, procederemos, quizá desde la experimentación propia o quizá leyendo métodos, a practicar y desarrollar alguna técnica que nos haga bien según necesitemos.
Para tener ganas no hay fórmulas secretas. De ser así, el mundo sería otro. Pero puede ayudar el tener en mente la meditación como forma de arte, para disfrutar y estar bien con uno mismo. Si sabemos disfrutar del arte creadora del dibujo, la escultura, la música, entonces es posible que no nos sea tan dificil relacionar esta forma de goze a la de la meditación. De lo contrario, es posible que el paso previo a meditar sea sencillamente descubrirse como artista creador.
El consejo de hoy, entonces, va a terminar siendo: practicar un arte.
Como al dibujar: tomamos un lápiz, un papel, algunos pinceles. ¿Qué falta? Pues tener ganas de dibujar, claro. De otro modo, es posible que por virtuosos que seamos, no salga algo que nos agrade. De modo contrario cuando la inspiración toma posesión de nuestras manos, no es menester ser diestro en el arte para dibujar algo que realmente nos ponga muy contentos. Además de por los trazos que hagamos, por el contenido mismo de la obra, la idea creativa.
Es posible que, si nos gusta el arte de dibujar, entonces nos interesemos en algunas reglas básicas: esquemas, proporsiones, composición, tipos de lápiz, pinceles u óleos.
Así también ocurre en el arte de meditar. La inspiración es la esencia creativa de esta actividad. Una vez que logramos enfocar esto, procederemos, quizá desde la experimentación propia o quizá leyendo métodos, a practicar y desarrollar alguna técnica que nos haga bien según necesitemos.
Para tener ganas no hay fórmulas secretas. De ser así, el mundo sería otro. Pero puede ayudar el tener en mente la meditación como forma de arte, para disfrutar y estar bien con uno mismo. Si sabemos disfrutar del arte creadora del dibujo, la escultura, la música, entonces es posible que no nos sea tan dificil relacionar esta forma de goze a la de la meditación. De lo contrario, es posible que el paso previo a meditar sea sencillamente descubrirse como artista creador.
El consejo de hoy, entonces, va a terminar siendo: practicar un arte.
Estar bien con los demás no siempre es fácil, pero es algo en lo que constantemente nos estamos fijando y que, de alguna u otra forma, trabajamos en ello permanentemente: diciendo tal o cual cosa para caer bien; asomando alguna mentirita piadosa para no quedar mal; luciendo de un modo u otro para estar a la moda o para decir algo. Pero ¿cuándo nos fijamos en nuestra relación con nosotros mismos?
Esta sección tiene por fin inspirar algunas ideas para agasajarnos en mente, cuerpo y espíritu. Después de todo es con nosotros mismos con quien convivimos de principio a fin, y a quien más debemos cuidar de enojos y reproches.

Esta sección tiene por fin inspirar algunas ideas para agasajarnos en mente, cuerpo y espíritu. Después de todo es con nosotros mismos con quien convivimos de principio a fin, y a quien más debemos cuidar de enojos y reproches.

Confiar en las anotaciones
A veces nuestros pensamientos son tantos que nuestra cabeza es una desorganización constante. Como en todo espacio (físico, por lo general), la desorganización hace que no se aproveche el lugar en su totalidad. Quizá un par de papeles desacomodados por el escritorio impiden que podamos usarlo para leer o escribir; o tal vez dos o tres prendas mal dobladas en el armario hacen imposible poner tanta ropa como podría realmente entrar. Entonces, acomodando y archivando bien los papeles del escritorio, no sólo podremos hacer libre uso de éste, sino que también sabremos dónde encontrar lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Doblando bien las prendas lograremos mayor capacidad de almacenamiento en el armario, a la vez que podremos encontrarla fácilmente y de seguro con menos arrugas.Análogo ejemplo es el de nuestro funcionamiento mental. Los pensamientos desacomodados generan tal desorden que a veces nada más quiere entrar en la cabeza: sean palabras de una conversación, nuevas historias, anécdotas, consejos. A veces no surgen de nosotros mismos nuevas ideas porque no les damos lugar.
Pero esto quizá es poca cosa al lado de otra de las consecuencias, en mi creer, la peor de todas: no disfrutamos del momento presente. Pues nuestra mente está constantemente con "papeles" del pasado y del futuro dando vueltas por ahí.
Esto quizá carecería de importancia de ser un hecho esporádico, poco frecuente, que ocurre sólo cuando hay algún problema clave que asecha nuestra existencia... pero no es así, pues no necesitamos que los problemas sean muy grandes para crearnos desorden mental.
Ahora, claro, tal vez los convencí de que esto es un problema actual, real y por lo visto bastante grave... pero ¿cómo hacemos espacio en nuestra cabeza?
Bueno, un consejo práctico, utilizable en el día a día que nos aqueja, es escribir lo que nos aqueja del futuro. En este consejo debemos indefectiblemente liberarnos del pasado: de ahora en más no importa lo que pudimos hacer, sino lo que podemos hacer por eso. También deberíamos tomar por importante que si hay algo que podemos solucionar, entonces no nos preocupemos. Y si hay algo que sabemos que no podemos solucionar... entonces tampoco! Caso perdido, olvidado y a otra cosa. Desliguémonos mentalmente cuanto antes de todo aquello que ya no está al alcance de nuestra mano.
Ahora bien, sólo queda el futuro. Aunque esto sea para mejorar un hecho del pasado, ya es parte de nuestras acciones del futuro. Y como he dicho, para esto, como salida fácil y práctica, existen las anotaciones.
Podemos anotar cuanto debemos hacer en la semana (estilo check list), o qué debemos resolver en el mes, o en el año. Intentar que estos sean nuestros objetivos y pautar fechas e incluso horas para realizar la acción que pondrá fin al item.
Si tenemos un problema que resolver, es decir, algo que hay que evaluar, pensar, solucionar con la razón, entonces también lo anotaremos. Podemos en este caso tomar una misma hora diaria para abocarnos a este item (como si se tratara de un ejercicio, o un trabajo con su horario).
A algunas personas les sirve también grabar, en un pequeño grabador, cada cosa que les viene a la mente en relación con un proyecto o idea pendiente.
Siempre lo idea es poseer un instrumento electrónico que haga las veces de alarma para cada anotación y hora que nos pactamos. De esta forma nos desligamos por completo de todo lo relacionado al tema.
Ahora, bien... si esto funciona la primer semana, al mes ya tendremos una heladera repleta de papelitos, una agenda que no nos entra ya en la maleta y es probable que ya ni sepamos qué dice cada papel.
Nadie va a sorprenderse por lo que diré, pero es menester, entonces, ocuparnos de todos los temas en cuanto se presenten. No dejarlos pendientes; no ser deudores de nuestros propios quehaceres y responsabilidades.
Veo dificil que semana tras semana nuestra agenda se llene de papelitos, pero de ser así, es mejor que ocupen ese espacio al de nuestra mente, teniendo así la capacidad de retener muchas otras cosas que de seguro nos van a hacer mejor: ideas, proyectos, canciones, melodías, consejos y otras charlas que tal vez a veces sean reclamos que nos hacen nuestros amigos, familia o pareja, pero no les damos lugar y lo olvidamos con facilidad, haciendo sentir poco importantes a quienes más nos importan.
Llegando del trabajo
Al llegar del trabajo, tarde por la noche, prepararse una infusión, encender un sahumerio, velas y dejar que el ambiente se purifique y nos aguarde a salir de la ducha, que mientrastanto refresca nuestro cuerpo, y lo limpia de las impuresas del día.
Una suave música deleitará nuestros oídos, mientras una armónica mezcla de perfumes llegan a nuestra naríz, producto de los inciensos, jabones e incluso de la infusión que nos hayamos preparado. Pronto estaremos preparándonos a nosotros mismos una exquisita cena, agasajando, como es debido, nuestro ser.
Mientras la cena se prepara a fuego lento, en un pequeño tiempo libre podremos ir acomodando nuestra cama para el sueño. Podemos acomodar la almohada, colocar las sábanas en forma debida, incluso cambiar las sábanas para que el descanzo sea más renovador y limpio.
Entonces ya estaremos preparando el ambiente y nuestra mente para el merecido descanzo, tras la cena.
Una vez lista, la serviremos y nos abocaremos a ella. Esta noche no encenderemos la televisión, pues sabemos bien que podríamos no enterarnos de ninguna de las cosas que estén sucediendo, que al otro día todo volverá a la normalidad. Podemos, si, continuar escuchando música suave, o simplemente pasar un tiempo con nosotros mismos: manteniendo una charla reflexiva, superficial, o simplemente (idealmente) no pensando más que en cada bocado que nos deleita.
Terminada la cena, para no acostarnos enseguida, podemos empezar un libro o pasar unas horas sin pensar en nada. Si tenemos una ventana miraremos el paisaje silencioso que nos presenta, y sino, podemos contemplar un objeto o forma de nuestro hogar que nos agrade.
Ahora si, el día ha terminado. ¿Hay alguna preocupación?. Entonces mañana nos ocuparemos.
Mientras la cena se prepara a fuego lento, en un pequeño tiempo libre podremos ir acomodando nuestra cama para el sueño. Podemos acomodar la almohada, colocar las sábanas en forma debida, incluso cambiar las sábanas para que el descanzo sea más renovador y limpio.
Entonces ya estaremos preparando el ambiente y nuestra mente para el merecido descanzo, tras la cena.
Una vez lista, la serviremos y nos abocaremos a ella. Esta noche no encenderemos la televisión, pues sabemos bien que podríamos no enterarnos de ninguna de las cosas que estén sucediendo, que al otro día todo volverá a la normalidad. Podemos, si, continuar escuchando música suave, o simplemente pasar un tiempo con nosotros mismos: manteniendo una charla reflexiva, superficial, o simplemente (idealmente) no pensando más que en cada bocado que nos deleita.
Terminada la cena, para no acostarnos enseguida, podemos empezar un libro o pasar unas horas sin pensar en nada. Si tenemos una ventana miraremos el paisaje silencioso que nos presenta, y sino, podemos contemplar un objeto o forma de nuestro hogar que nos agrade.
Ahora si, el día ha terminado. ¿Hay alguna preocupación?. Entonces mañana nos ocuparemos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)