A veces nuestros pensamientos son tantos que nuestra cabeza es una desorganización constante. Como en todo espacio (físico, por lo general), la desorganización hace que no se aproveche el lugar en su totalidad. Quizá un par de papeles desacomodados por el escritorio impiden que podamos usarlo para leer o escribir; o tal vez dos o tres prendas mal dobladas en el armario hacen imposible poner tanta ropa como podría realmente entrar. Entonces, acomodando y archivando bien los papeles del escritorio, no sólo podremos hacer libre uso de éste, sino que también sabremos dónde encontrar lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Doblando bien las prendas lograremos mayor capacidad de almacenamiento en el armario, a la vez que podremos encontrarla fácilmente y de seguro con menos arrugas.Análogo ejemplo es el de nuestro funcionamiento mental. Los pensamientos desacomodados generan tal desorden que a veces nada más quiere entrar en la cabeza: sean palabras de una conversación, nuevas historias, anécdotas, consejos. A veces no surgen de nosotros mismos nuevas ideas porque no les damos lugar.
Pero esto quizá es poca cosa al lado de otra de las consecuencias, en mi creer, la peor de todas: no disfrutamos del momento presente. Pues nuestra mente está constantemente con "papeles" del pasado y del futuro dando vueltas por ahí.
Esto quizá carecería de importancia de ser un hecho esporádico, poco frecuente, que ocurre sólo cuando hay algún problema clave que asecha nuestra existencia... pero no es así, pues no necesitamos que los problemas sean muy grandes para crearnos desorden mental.
Ahora, claro, tal vez los convencí de que esto es un problema actual, real y por lo visto bastante grave... pero ¿cómo hacemos espacio en nuestra cabeza?
Bueno, un consejo práctico, utilizable en el día a día que nos aqueja, es escribir lo que nos aqueja del futuro. En este consejo debemos indefectiblemente liberarnos del pasado: de ahora en más no importa lo que pudimos hacer, sino lo que podemos hacer por eso. También deberíamos tomar por importante que si hay algo que podemos solucionar, entonces no nos preocupemos. Y si hay algo que sabemos que no podemos solucionar... entonces tampoco! Caso perdido, olvidado y a otra cosa. Desliguémonos mentalmente cuanto antes de todo aquello que ya no está al alcance de nuestra mano.
Ahora bien, sólo queda el futuro. Aunque esto sea para mejorar un hecho del pasado, ya es parte de nuestras acciones del futuro. Y como he dicho, para esto, como salida fácil y práctica, existen las anotaciones.
Podemos anotar cuanto debemos hacer en la semana (estilo check list), o qué debemos resolver en el mes, o en el año. Intentar que estos sean nuestros objetivos y pautar fechas e incluso horas para realizar la acción que pondrá fin al item.
Si tenemos un problema que resolver, es decir, algo que hay que evaluar, pensar, solucionar con la razón, entonces también lo anotaremos. Podemos en este caso tomar una misma hora diaria para abocarnos a este item (como si se tratara de un ejercicio, o un trabajo con su horario).
A algunas personas les sirve también grabar, en un pequeño grabador, cada cosa que les viene a la mente en relación con un proyecto o idea pendiente.
Siempre lo idea es poseer un instrumento electrónico que haga las veces de alarma para cada anotación y hora que nos pactamos. De esta forma nos desligamos por completo de todo lo relacionado al tema.
Ahora, bien... si esto funciona la primer semana, al mes ya tendremos una heladera repleta de papelitos, una agenda que no nos entra ya en la maleta y es probable que ya ni sepamos qué dice cada papel.
Nadie va a sorprenderse por lo que diré, pero es menester, entonces, ocuparnos de todos los temas en cuanto se presenten. No dejarlos pendientes; no ser deudores de nuestros propios quehaceres y responsabilidades.
Veo dificil que semana tras semana nuestra agenda se llene de papelitos, pero de ser así, es mejor que ocupen ese espacio al de nuestra mente, teniendo así la capacidad de retener muchas otras cosas que de seguro nos van a hacer mejor: ideas, proyectos, canciones, melodías, consejos y otras charlas que tal vez a veces sean reclamos que nos hacen nuestros amigos, familia o pareja, pero no les damos lugar y lo olvidamos con facilidad, haciendo sentir poco importantes a quienes más nos importan.