Una suave música deleitará nuestros oídos, mientras una armónica mezcla de perfumes llegan a nuestra naríz, producto de los inciensos, jabones e incluso de la infusión que nos hayamos preparado. Pronto estaremos preparándonos a nosotros mismos una exquisita cena, agasajando, como es debido, nuestro ser.
Mientras la cena se prepara a fuego lento, en un pequeño tiempo libre podremos ir acomodando nuestra cama para el sueño. Podemos acomodar la almohada, colocar las sábanas en forma debida, incluso cambiar las sábanas para que el descanzo sea más renovador y limpio.
Entonces ya estaremos preparando el ambiente y nuestra mente para el merecido descanzo, tras la cena.
Una vez lista, la serviremos y nos abocaremos a ella. Esta noche no encenderemos la televisión, pues sabemos bien que podríamos no enterarnos de ninguna de las cosas que estén sucediendo, que al otro día todo volverá a la normalidad. Podemos, si, continuar escuchando música suave, o simplemente pasar un tiempo con nosotros mismos: manteniendo una charla reflexiva, superficial, o simplemente (idealmente) no pensando más que en cada bocado que nos deleita.
Terminada la cena, para no acostarnos enseguida, podemos empezar un libro o pasar unas horas sin pensar en nada. Si tenemos una ventana miraremos el paisaje silencioso que nos presenta, y sino, podemos contemplar un objeto o forma de nuestro hogar que nos agrade.
Ahora si, el día ha terminado. ¿Hay alguna preocupación?. Entonces mañana nos ocuparemos.
Mientras la cena se prepara a fuego lento, en un pequeño tiempo libre podremos ir acomodando nuestra cama para el sueño. Podemos acomodar la almohada, colocar las sábanas en forma debida, incluso cambiar las sábanas para que el descanzo sea más renovador y limpio.
Entonces ya estaremos preparando el ambiente y nuestra mente para el merecido descanzo, tras la cena.
Una vez lista, la serviremos y nos abocaremos a ella. Esta noche no encenderemos la televisión, pues sabemos bien que podríamos no enterarnos de ninguna de las cosas que estén sucediendo, que al otro día todo volverá a la normalidad. Podemos, si, continuar escuchando música suave, o simplemente pasar un tiempo con nosotros mismos: manteniendo una charla reflexiva, superficial, o simplemente (idealmente) no pensando más que en cada bocado que nos deleita.
Terminada la cena, para no acostarnos enseguida, podemos empezar un libro o pasar unas horas sin pensar en nada. Si tenemos una ventana miraremos el paisaje silencioso que nos presenta, y sino, podemos contemplar un objeto o forma de nuestro hogar que nos agrade.
Ahora si, el día ha terminado. ¿Hay alguna preocupación?. Entonces mañana nos ocuparemos.