Como al dibujar: tomamos un lápiz, un papel, algunos pinceles. ¿Qué falta? Pues tener ganas de dibujar, claro. De otro modo, es posible que por virtuosos que seamos, no salga algo que nos agrade. De modo contrario cuando la inspiración toma posesión de nuestras manos, no es menester ser diestro en el arte para dibujar algo que realmente nos ponga muy contentos. Además de por los trazos que hagamos, por el contenido mismo de la obra, la idea creativa.
Es posible que, si nos gusta el arte de dibujar, entonces nos interesemos en algunas reglas básicas: esquemas, proporsiones, composición, tipos de lápiz, pinceles u óleos.
Así también ocurre en el arte de meditar. La inspiración es la esencia creativa de esta actividad. Una vez que logramos enfocar esto, procederemos, quizá desde la experimentación propia o quizá leyendo métodos, a practicar y desarrollar alguna técnica que nos haga bien según necesitemos.
Para tener ganas no hay fórmulas secretas. De ser así, el mundo sería otro. Pero puede ayudar el tener en mente la meditación como forma de arte, para disfrutar y estar bien con uno mismo. Si sabemos disfrutar del arte creadora del dibujo, la escultura, la música, entonces es posible que no nos sea tan dificil relacionar esta forma de goze a la de la meditación. De lo contrario, es posible que el paso previo a meditar sea sencillamente descubrirse como artista creador.
El consejo de hoy, entonces, va a terminar siendo: practicar un arte.