Hemos comprobado una y mil veces como el cine nos influencia, nos vende una idea y a veces esa idea toma mucha fuerza. Sobretodo cuanto más nos identificamos con un personaje y su situación.
La influencia siempre es positiva e inspiradora. Nos llena de ganas de hacer cosas nuevas, o cosas que queríamos hacer y no nos animábamos. Le ponemos nombre a muchos sentimientos e imagen a muchos sueños poco nítidos.
En mi opinión, es lo más hermoso que el cine puede hacer por nosotros. Más que hacernos pensar o divertirnos. Creo incluso que la mayoría de la gente elegiría ver una película que promete ser inspiradora de aquel oculto y lejano proyecto secreto, a una que nos haga reir o pensar.
El cine realmente puede hacer maravillas en este campo. Proyectando imágenes, definiendo personajes (en su mayoría bien parecidos), o jugando con la música y los efectos sonoros, que nos llevan y traen de las narices a gusto, y no tenemos más que hacer que sentarnos y dejarnos deleitar.
La pregunta es...: Y ahora, ¿para qué quiero un libro?
Excelente pregunta. Me la he preguntado cientos de veces, y en algún momento hallé unas cuantas respuestas.
La diferencia entre un libro y una película usualmente es descubierta cuando el cine toma historias originalmente hechas para un libro. Una salida fácil por parte de los guionistas, pero que hace mella a este pequeño límite y nos da la posibilidad a más de uno de descubrir esta realidad, que favorece en extremo a la versión literaria.
Lo que más se comenta por ahí, y no deja de ser cierto, es que el libro es una obra más completa, extensa y con mayor construcción, detalles y que expresa cosas que las imágenes no podrían. Todo esto es bastante comprobable, claro, pero no es esto lo que le da el valor de positivo o negativo. Incluso habrá personas que quieran ya mismo la versión resumida de una obra.
En cuanto a esto último, lo único que se perderá, como esencia, es ese detalle que la imagen no puede contar.
Mi defensa al libro se basa en que uno construye las imagenes a su modo. Nadie le dice qué hacer con ellas. Y es más que seguro que estas imagenes sean muy acordes a una situación específica por la que pasamos. De esta forma el libro extiende sus raíces hacia nuestra alma y nos hacemos uno con él. Somos capaces hasta de tener la misma cara que el protagonista, o darle las facciones de un conocido, o amigo que nos lo recuerda.
Además de que damos las imágenes, cuerpos y hasta efectos especiales, gustativos, de colores y sonidos a todo un mundo, tenemos la poética de la palabra misma. Muchas palabras en sí mismas poseen poesía, recuerdos, historias. Degustar palabras que pocas veces escuchamos y recrear mundos en nuestras mentes es un juego hermoso y un ejercicio prodigioso.
En lo personal, cuando una historia me apasiona, deseo que no termine. En el cine las cosas suceden y terminan en menos de dos horas; en un libro cada quien administra cuanto quiere conocer por día. Puede guardar un capítulo para antes o para después de cenar, o anotar un párrafo para alguna ocasión peculiar.
Cuando un libro llega a nuestra alma, realmente nos deja su enseñanza, su idea. Es una inspiración y una influencia de gran magnitud y, lo que quizá sea más importante en cuanto a este punto, es que usualmente el autor de un buen libro tiene diferentes intenciones que el autor de un buen film al trasmitir algo.
El consejo de hoy podría ser leer. Pero me parece que el mejor consejo es: antes de mirar la película, leer el libro.